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Çatalhöyük

aprox. 9.400–9.100 años a.e.
Este artículo se basa en gran medida a la maravillosa investigación que realizo la Prof. UAM, PhD, hab. Kamilla Pawłowska. Ref. The smells of Neolithic Çatalhöyük, Turkey: Time and space of human activity

Desde la llanura no parece gran cosa. Una colina baja, sin forma particular, sin nada que pueda anticipar al visitante que encontrara un lugar donde la organización basada en la igualdad existió.

Çatalhöyük está ahí desde hace mas de nueve mil años. Trece hectáreas de adobe apilado en la llanura de Konya, en el centro de lo que hoy llamamos Turquía. En su momento de mayor densidad, entre ocho mil personas vivían sobre él. Sin calles. Sin templo. Sin rey. Las casas pegadas unas a otras como en celda, los techos funcionaban como plazas, sin cementerios, templos o construcciones monumentales, incluso los muertos fueron enterrados bajo el suelo de las habitaciones donde los vivos dormían, comían y daban a luz.

Para entender a Çatalhöyük hay que dejar nuestra modernidad, permitirnos la desorientación y también intentar dejar a un lado el romanticismo con el que vemos el pasado. Por que Çatalhöyük apestaba, pero antes de adentrarnos en esos aromas que para nuestra nariz serían insoportables vayamos a la estructura del sitio.

Las casas de Çatalhöyük no tienen entrada en el suelo. Para acceder hay que subir al techo y bajar por una escalera de madera a través de un agujero. No hay calles porque no las necesitan: el techo es la calle, la plaza, el espacio colectivo. Adentro, las habitaciones son pequeñas y sin ventanas. El hogar quema tortas de estiércol seco, el combustible disponible en la llanura, y ese humo específico, denso y bajo, impregna las paredes de yeso, la ropa y el cabello de quienes duermen ahí. Las capas de hollín negro sobre el yeso blanco registran los años como un archivo involuntario. El único aire fresco entra por el mismo agujero por donde bajan las personas y sube el humo.

¿Por qué vivir así, medio enterrados, sin luz natural, sin separación entre el humo y el sueño? Quizás porque los inviernos en la llanura de Konya llegan a menos 25 grados. Los muros compartidos retienen calor. Una casa adosada a cinco vecinos pierde mucho menos temperatura que una casa aislada. El techo como única entrada también funciona como barrera contra depredadores y contra el frío. Tal vez esa densidad extrema, vivir sin separación física entre casas significa vivir sin posibilidad de acumular en secreto, sin poder construir algo que los demás no vean. La arquitectura hacía casi imposible la opacidad. Y esa imposibilidad puede haber sido precisamente el mecanismo que mantuvo el igualitarismo durante siglos.

Cuando los ojos se adaptan a la penumbra, aparecen las pinturas. Grandes campos de rojo intenso, bandas geométricas que se repiten con la interpretación del artista, animales de proporciones imposibles: toros, ciervos, buitres, leopardos. Y emergiendo directamente del muro, enyesados y convertidos en relieve, los cráneos reales de bóvidos con los cuernos intactos. Se incorpora el animal a la arquitectura de la casa.

Estas pinturas se renuevan. Cuando algo importante ocurre, una muerte, un nacimiento, la pared se enluce de blanco y se vuelve a pintar. Debajo del yeso de hoy hay escenas que nadie vivo ha visto. Algunas casas acumulan docenas de capas. El arte no decora el espacio, registra su historia.

En una pared del nivel más profundo del sitio apareció algo distinto: una cuadrícula de rectángulos que alguien interpretó como las casas del propio asentamiento, y detrás, una forma bicúspide con puntos negros que podría ser el volcán Hasan Dağı en erupción, a ciento treinta kilómetros. Si la interpretación es correcta, es uno de los primeros mapas conocidos de la historia humana. Alguien miró su propio mundo desde afuera y lo dibujó. Y eligió pintarlo junto a aquello que podía destruirlo. Las pinturas cubren las paredes. Los muertos ocupan el suelo.

Los muertos se entierran bajo las plataformas donde los vivos duermen, dentro de la casa activa, con la familia viviendo encima. Con el tiempo se abre el suelo para añadir a otro, se reordenan los huesos del anterior, algunos cráneos se recuperan, se pintan de ocre rojo y se guardan. Hay casas con más de veinte individuos acumulados bajo el piso a lo largo de generaciones. La casa es el lugar donde todos los que vivieron siguen estando.

El olor que esto producía en los primeros días después de un entierro, en un espacio sin ventanas, con el único agujero en el techo, era parte de la vida doméstica. No había forma de separarlo. El humo del estiércol, la grasa hirviendo en el recipiente de barro, las pieles de animal colgadas en la pared norte, y debajo de todo eso, la tierra recién removida. Para quien nació ahí, ese olor era simplemente el olor de casa. El mismo aire que traía el humo del estiércol y la tierra removida también traía cereal tostado, grasa de oveja hirviendo en barro, almez fermentado. Olores que cualquier nariz reconocería como buenos, mezclados sin separación posible con los que hoy consideraríamos insoportables. No había forma de elegir unos y descartar los otros. Eran el mismo aire.

El asentamiento desde afuera

Desde el techo, Çatalhöyük huele distinto. Los middens, los basureros comunes ubicados entre casas y en edificios abandonados, acumulan carcasas en descomposición, heces, cenizas y huesos. Los perros rondan sus bordes. En algún edificio sin dueño, un rebaño de ovejas pasa la noche. El humo de miles de hogares encendidos simultáneamente forma una nube baja sobre el montículo. Cuando el viento cambia, todo eso llega de golpe.

Para el visitante moderno, insoportable. Para quien vivía ahí, invisible. El sistema olfativo humano habituado a un estímulo constante deja de registrarlo. Lo que para nuestra nariz sería una señal de alarma, para ellos era la señal de que todo seguía en su lugar. De que el mundo funcionaba.

La bibliografía y materiales adicionales de investigación, explicación, dídacticos y estudio se proporcionan sólo a los suscriptores de Myrodia Khartes.

Funciones olfativas en Göbekli Tepe

Función ingestiva – evaluar alimentos
La dieta combinaba cereales (trigo emmer, cebada desnuda), legumbres (lentejas, guisantes, veza) y productos animales. El procesado de estos alimentos generaba aromas específicos: tostado de granos y nueces, hervido de vegetales y carne, fermentación de plantas.
La presencia de especies silvestres potencialmente tóxicas (p. ej. Oenanthe –cicuta de agua–) en el entorno de humedal sugiere que el olfato jugaba un papel crítico para evitar intoxicaciones al recolectar plantas acuáticas.

Evitación de peligros – detectar amenazas
El riesgo de incendio era elevado: casas de adobe con techos planos de madera y cañizo, acceso por escaleras, fuegos constantes en hogares y hornos. El olor a humo era omnipresente, pero un cambio en su intensidad o en el olor a quemado podía señalar un incendio accidental o una quema deliberada de basura.
La presencia de basureros (middens) entre las casas y en edificios abandonados generaba olores intensos a materia orgánica en descomposición (restos de animales con tejidos blandos, heces). La capacidad de percibir estos olores era esencial para evitar focos de infección y mantener la salubridad en un asentamiento denso (13 ha, miles de personas).
Depredadores (osos, leopardos, lobos) documentados por huesos y pieles suponían una amenaza real; el olor a estos animales o a sus excrementos cerca del asentamiento habría activado respuestas de alerta.

Apego y vínculo – química del cuidado
Los enterramientos bajo las plataformas de las casas implicaban que los vivos convivían con los restos de sus antepasados. El olor de la descomposición (controlada) y posteriormente el de los huesos y pigmentos formaba parte de la atmósfera cotidiana. Este contacto prolongado con los restos de familiares reforzaba el apego intergeneracional.
El vínculo materno-infantil queda reflejado en los entierros de neonatos y niños dentro de las casas, en plataformas específicas. El olor a leche materna, a cabello mojado y a sudor del cuidado debía ser parte de la experiencia sensorial que tejía los lazos de crianza.
La arquitectura doméstica repetitiva, con hogares fijos, plataformas y espacios de almacenamiento, creaba un entorno olfativo estable que asociaba la seguridad con los olores familiares.

Nodos Olfativos

Nodo Geografías Olfativas
Condiciones cumplidas:

Anclaje espacial fijo: Cada casa tenía su propia combinación de olores (humo de su hogar, sus basureros adyacentes, sus entierros). El basurero comunal, los corrales en edificios abandonados y las áreas de procesamiento de alimentos en azoteas eran focos olfativos localizados.

Caracterización del lugar: El olor general del asentamiento —una mezcla de humo de estiércol, descomposición de basureros y excrementos animales— era un rasgo identificable de Çatalhöyük, que lo distinguía de otros sitios.

Patrones flexibles observados:

Huella de actividad: El olor de los basureros provenía de la acumulación de restos de matanza, cocina y desechos humanos; el olor de los corrales, de la estabulación de ovicaprinos en edificios en desuso.

Firma ecológica: El humedal adyacente (río Çarşamba) aportaba olores de aguas estancadas, juncos, peces y aves acuáticas, mientras que las zonas de estepa cercana daban olores de tomillo, plantas aromáticas y excrementos de herbívoros silvestres.

Marcador de límite: Al cruzar del interior de una casa (con su atmósfera cargada de humo y yeso) al exterior (con olores de basureros y estiércol), el cambio olfativo era brusco. Asimismo, los límites entre barrios podían estar marcados por la acumulación de basura.

Orientación y navegación: Los olores intensos de los basureros o de los corrales podían servir como referentes para ubicarse en un entramado urbano sin calles claras.

Pérdida de identidad del lugar: El abandono de una casa implicaba la desaparición de sus olores domésticos (humo, cocina, vida), transformando radicalmente la identidad olfativa de ese espacio.

Cartografía Aromática

Sudor humano
Señal química: Ácidos carboxílicos (isovalérico, butírico), ácido 3-metil-2-hexenoico, androstenona, androstadienona, compuestos sulfurados (tioles).
Escenarios comunes: Espacios domésticos saturados de actividad (cocina, sueño, trabajo artesanal); convivencia en casas sin chimeneas ni ventilación lateral; uso de ropa y esteras de caña que retienen olores corporales.

Heces y orina humanas
Señal química: Escatol, indol, ácido isovalérico, sulfuro de dimetilo, amoniaco, cadaverina, putrescina.
Escenarios comunes: Acumulación temporal antes de ser retiradas de la casa; habitaciones que pudieron funcionar como letrinas; basureros (middens) donde se vertían desechos orgánicos.

Ratones (orina, excrementos, olor corporal)
Señal química: 2-sec-butil-4,5-dihidrotiazol (componente de orina de roedor), 2-heptanona, 4-etilfenol, ácidos grasos volátiles.
Escenarios comunes: Espacios estrechos entre casas adosadas; acumulaciones de escombros; almacenamiento de grano y semillas.

Perros (excrementos, orina, pelaje)
Señal química: Escatol, indol, amoniaco, ácidos grasos volátiles, compuestos sulfurados, feromonas caninas.
Escenarios comunes: Basureros; deambulación por calles-azoteas; consumo de desechos orgánicos alrededor del asentamiento.

Ovejas y cabras (rebaños: pelaje, sudor, orina, heces, leche fresca)
Señal química: Ácido octanoico, ácido 4-metiloctanoico (olor a ovino), ácido isovalérico, amoniaco, sulfuro de dimetilo, lactonas (leche).
Escenarios comunes: Rebaños pastando en los alrededores; animales estabulados en edificios abandonados dentro del asentamiento; secado de tortas de estiércol en azoteas; procesamiento de leche en vasijas.

Pieles animales frescas (liebre, oveja, gacela, leopardo)
Señal química: Aminas (cadaverina, putrescina), ácidos grasos de cadena media (hexanoico, octanoico), compuestos sulfurados, sangre (hierro + lípidos oxidados).
Escenarios comunes: Pieles usadas como contenedores, ropa o decoración mural antes del curtido; áreas de carnicería y procesamiento primario.

Carne fresca (vísceras, sangre, tejido muscular)
Señal química: 1-octen-3-ol (olor a champiñón, asociado a sangre y vísceras), aminas volátiles, ácido isovalérico, compuestos sulfurados (tioles).
Escenarios comunes: Carnicería de ovejas, cabras, vacas, ciervos, jabalíes; procesamiento de animales cazados o sacrificados; áreas de despiece inicial en exteriores o en espacios domésticos.

Leche fresca (vaca, oveja, cabra)
Señal química: Lactonas (γ-dodecalactona, δ-decalactona), ácido butírico (en leche de cabra/oveja), compuestos sulfurados traza.
Escenarios comunes: Ordeño cerca del asentamiento; almacenamiento en vasijas; consumo directo o procesamiento en derivados lácteos.

Grasa ósea (tuétano) procesada
Señal química: Aldehídos alifáticos (hexanal, nonanal), acroleína (por calentamiento), ácidos grasos volátiles, alquenos.
Escenarios comunes: Hervido o cocción de huesos largos para extraer grasa; consumo de tuétano como alimento energético; procesamiento de grasas para uso tecnológico.

Yeso (cal) de paredes y suelos
Señal química: Suspensiones acuosas de sulfato de calcio (yeso) o cal apagada (hidróxido de calcio) con partículas minerales finas, trazas de carbonatos y materia orgánica; generan una sensación olfativa de “mineral húmedo”, ligeramente alcalina y con matices metálicos.
Escenarios comunes: Enlucido de paredes y suelos; repintado y renovación de superficies durante eventos rituales y de mantenimiento doméstico; mezclado con agua para aplicación.

Arcilla húmeda
Señal química: Geosmina y otros compuestos orgánicos del suelo (aldehídos de cadena corta y ácidos grasos adsorbidos en la matriz arcillosa), junto con soluciones minerales (calcio, magnesio, hierro) que contribuyen a una sensación de olor “terroso” y húmedo.
Escenarios comunes: Fabricación de adobes; producción de cerámica; impermeabilización de superficies; construcción y reparación de hogares y hornos.

Piedra mojada / suelo húmedo (baja contribución de geosmina)
Señal química: Liberación, al humedecerse, de sales minerales superficiales, restos orgánicos muy diluidos y partículas finas de roca; el olor resultante es más neutro y “mineral” que el de suelos ricos en geosmina, con menor protagonismo de notas microbianas.
Escenarios comunes: Orillas de canales y humedales tras lluvias; piedras de molino mojadas; suelos desnudos del montículo tras precipitaciones.

Ceniza fría / carbón apagado
Señal química: Mezclas de carbonatos alcalinos (potasa, cal) con fenoles y cresoles residuales, hidrocarburos aromáticos ligeros adsorbidos y partículas finas de carbón; producen un olor ahumado, seco y ligeramente alcalino, perceptible también como sensación irritante en la mucosa nasal.
Escenarios comunes: Hogares apagados; basureros con restos de combustión; desecho de cenizas tras limpieza de hornos; uso de ceniza para curtido o procesamiento de pieles.

Polvo mineral / tierra seca
Señal química: Partículas finas de minerales (arcillas, carbonatos, sílice) mezcladas con trazas de compuestos orgánicos adsorbidos (aldehídos y ácidos grasos de origen edáfico) y sales higroscópicas (calcio, magnesio); generan una sensación de polvo seco, mineral y ligeramente terroso en suspensión.
Escenarios comunes: Estepas secas circundantes; azoteas y espacios exteriores en estación seca; áreas de actividad cotidiana expuestas al viento.

Tierra húmeda (geosmina)
Señal química: Geosmina (terpenoide producido por bacterias del género Streptomyces y otros microorganismos del suelo), 2‑metilisoborneol (2‑MIB) y otros terpenoides microbianos responsables del olor terroso‑“a humedad” característico.
Escenarios comunes: Suelos de humedales y orillas de canales tras lluvias; zonas de acumulación de materia orgánica en descomposición con alta actividad microbiana; basureros con matriz edáfica húmeda y colonización bacteriana intensa.

Fermentación de cereales (masa madre, papillas fermentadas)
Señal química: Metabolitos de fermentación láctica y alcohólica como etanol, acetato de etilo, ácido acético, ácido láctico y diacetilo (2,3‑butanodiona), que generan notas ácidas, ligeramente alcohólicas y mantecosas en masas y papillas de cereal.
Escenarios comunes: Preparación de papillas y masas con cereales (trigo, cebada) y legumbres; almacenamiento de mezclas húmedas en vasijas o contenedores orgánicos durante varias horas o días para favorecer la fermentación.

Estiércol en descomposición (corrales)
Señal química: Amoniaco, sulfuro de dimetilo y otros compuestos sulfurados, ácidos grasos volátiles (isovalérico, butírico), escatol, indol y cantidades variables de cadaverina procedentes de la descomposición proteica en excretas y restos orgánicos asociados.
Escenarios comunes: Corrales en edificios abandonados dentro del asentamiento; acumulación de estiércol fresco y en descomposición en zonas de estabulación; secado de tortas de estiércol en azoteas para su uso como combustible.

Basureros (middens) en descomposición activa
Señal química: Mezcla compleja de putrescina, cadaverina, sulfuro de dimetilo y otros compuestos sulfurados, ácido isovalérico, amoníaco, escatol, indol y ácidos orgánicos (acético, butírico), que generan un olor intenso a putrefacción de origen mixto.
Escenarios comunes: Acumulaciones de desechos entre casas; edificios abandonados reutilizados como vertederos; zonas de desecho de restos de comida, huesos con tejidos blandos, materia fecal y material vegetal en descomposición.

Humo de estiércol (combustión)
Señal química: Fenoles volátiles como guayacol, siringol y cresoles, junto con otros compuestos fenólicos, hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs) y gases nitrogenados (amoníaco y compuestos derivados de la descomposición térmica de urea y proteínas).
Escenarios comunes: Hogares domésticos para cocinar y calefacción; fuegos exteriores para procesamiento de alimentos o calentamiento; uso intensivo de estiércol como combustible principal en contextos de escasez de madera.

Humo de leña (combustión)
Señal química: Guayacol, siringol, cresoles y otros fenoles volátiles, furfurales y metoxifenoles derivados de la lignina (en particular en maderas duras como roble o aliso).
Escenarios comunes: Hogares con madera de roble o aliso procedente de corredores riparios; procesamiento de alimentos; quemas controladas en el entorno; incendios de edificios.

Pan recién horneado (Reacción de Maillard)
Señal química: 2‑acetil‑1‑pirrolina (aroma característico de corteza de pan), pirazinas (por ejemplo 2,5‑dimetilpirazina), furaneol (4‑hidroxi‑2,5‑dimetil‑3(2H)‑furanona) y una mezcla de aldehídos y otros compuestos de caramelización y Maillard.
Escenarios comunes: Hornos de barro dentro de casas; cocción de masas de trigo emmer y cebada; preparación de panes, papillas espesas y gachas horneadas.

Papillas y gachas cocidas (cocción en húmedo)
Señal química: Compuestos de Maillard de baja intensidad formados en cocción húmeda, furanoles y otros productos de degradación de almidones y azúcares, junto con ácidos orgánicos volátiles que refuerzan las notas a cereal cocido.
Escenarios comunes: Hervido de cereales (emmer, cebada) y legumbres (lentejas, guisantes, vetches) en ollas de cerámica; cocina diaria en hogares domésticos.

Cuero (pieles curtidas)
Señal química: Ácidos grasos oxidados (hexanoico, octanoico), aldehídos (nonanal, decanal) y cetonas procedentes de lípidos residuales, junto con compuestos fenólicos derivados del curtido vegetal con taninos (zumaque, terebinto u otros Rhus y Pistacia), que aportan notas astringentes y ligeramente medicinales.
Escenarios comunes: Procesamiento de pieles con taninos vegetales o ceniza; fabricación de vestimenta, contenedores y posiblemente calzado; áreas de trabajo especializado dedicadas al curtido y acabado del cuero.

Grasa animal caliente / derretida (procesamiento)
Señal química: Aldehídos alifáticos de oxidación lipídica (hexanal, nonanal y homólogos), acroleína, ácidos grasos volátiles oxidados y otros productos insaturados de degradación térmica de lípidos, junto con compuestos de Maillard generados en la interfase grasa–proteína.
Escenarios comunes: Calentamiento de tuétano y sebo para consumo; procesamiento de grasas para usos tecnológicos (impermeabilización, lubricación); cocina de alimentos ricos en grasa animal.

Tostado de nueces, semillas y granos
Señal química: Pirazinas (por ejemplo 2,5‑dimetilpirazina y otras alquilpirazinas), furanoles, 2‑acetil‑1‑pirrolina, aldehídos de cadena corta y compuestos de Strecker, que juntos generan notas tostadas, a fruto seco y cereal asado.
Escenarios comunes: Procesamiento de bellotas, almendras silvestres, pistachos y cereales sobre fuego o en hornos; preparación de alimentos tostados en contextos domésticos.

Calentamiento de estiércol para tortas de combustible
Señal química: Amoníaco, compuestos sulfurados (como sulfuro de dimetilo y metanotiol), fenoles, cresoles y ácidos grasos volátiles emitidos durante el secado y calentamiento previo a la combustión del estiércol.
Escenarios comunes: Preparación de tortas de estiércol secadas al sol en azoteas; almacenamiento de combustible; calentamiento previo antes de su uso en hogares.

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